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:: Notas

Leyenda cuarto rey mago

La leyenda del cuarto Rey Mago

Siempre hemos escuchado que los Reyes Magos fueron tres: Melchor, Gaspar y Baltasar, quienes guiados por una estrella llegaron hasta la antigua ciudad de Belén con motivo del nacimiento de Jesús, el Mesías que el pueblo judío llevaba esperando durante siglos.

Sin embargo, el Evangelio de San Mateo no dice que fueran tres, ni da cuenta de sus nombres, ni que fueran reyes, sino «magos» (o más bien oráculos) venidos de Oriente:

«Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del oriente a Jerusalem unos magos, diciendo ¿dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque hemos visto su estrella al oriente y venimos a adorarle» (Mateo 2:1-2)

Por tanto, casi todo lo que sabemos de ellos hoy día forma parte de la tradición y las leyendas. Pero veamos cuándo y cómo empezó a alimentarse esta historia recogida en las escrituras:

«Magusha» era el término que en tiempos de Jesús se utilizaba para referirse a adivinos y astrólogos del área sirio-mesopotámica. Más concretamente, magusha designaba a los charlatanes que practicaban algún tipo de magia, que practicaban la antigua ciencia de los Magû (tribu seguidora del profeta iraní Zaratrusta), que reunía las prácticas mágicas, astrológicas o adivinatorias del mundo persa. El término «magos» nos ha llegado a consecuencia de la traducción latina del Nuevo Testamento, realizada por San Jerónimo a finales del siglo IV, entre otros.

Entonces, ¿quién fue Artabán, el supuesto cuarto hombre sabio?

Para empezar, debemos decir que como realmente San Mateo no especificó el número de magos que acudieron a la adoración, hubo culturas, como la armenia, que suponen que fueron doce.

Este hecho alimentó la imaginación del novelista del s.XIX Henry van Dyke, para crear la historia de Artabán, el cuarto Rey Mago, en su cuento navideño The Other Wise Man o, en español, El otro rey mago.

Así pasaron más de 30 años hasta que llegó al monte Gólgota, donde se decía que iban a crucificar al Mesías. De pronto, la tierra tembló anunciando la muerte de Jesús en la cruz. Una piedra golpeó la cabeza de Artabán que, moribundo, pedía perdón por no haber llegado a tiempo para adorar al Mesías.

En ese momento, la voz de Jesús se escuchó con fuerza: «Tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste…» Artabán preguntó: «¿Cuándo hice yo estas cosas?» Jesús le contestó: «Todo lo que hiciste por los demás lo has hecho por mí, hoy estarás conmigo en el reino de los cielos».

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