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:: Notas

5 tradiciones tétricas que se practican durante semana santa

Quema de demonios y crucifixiones reales figuran entre las tradiciones más espeluznantes que se siguen practicando en torno a la Semana Santa.

Una mujer grita ahogada en llanto. Algunas más rezan al unísono, con murmullos dispersos entre la multitud de creyentes dolidos. Para los cristianos en el mundo, los días de Semana Santa están destinados a conmemorar un luto compartido por aquellos que se afilian a las religiones que dan culto a Jesús.

La razón que reúne a todas estos tipos de creyentes es la muerte y resurrección de Cristo. En estos tiempos de festividades sombrías, algunas de las tradiciones que se siguen alrededor del mundo tienden a ser explícitas. Otras más, rayan francamente en extremos tétricos. Éstas son algunas de ellas.

Crucifixiones reales en Manila

Filipinas conserva la herencia católica de las campañas colonizadoras españolas. Como en otros países sometidos, el proceso de conquista enfrentó a los pobladores originarios a una nueva idiosincrasia, incrustada en la fe del imperio. Muchas de las técnicas de adoctrinamiento fueron, asimismo, religiosas.

En una empresa por conquistar cuerpos y almas, las prácticas de enseñanza de las formas cristianas fueron, a lo menos, explícitas. Quizá la más icónica de ellas, que se conserva hasta la actualidad, son las crucifixiones reales que se llevan a cabo durante Semana Santa.

En un afán de honrar la figura de Jesús durante su pasión, los filipinos verdaderamente clavan a una persona viva a una cruz de madera. Centenares de creyentes atestiguan este acto violento que, a sus ojos, es un homenaje en carne propia al dolor de una de las figuras más sacras de su fe.

Vía Crucis de Iztapalapa

Una de las alcaldías menos acomodadas y la más poblada de la Ciudad de México es Iztapalapa, donde año con año, durante la mañana del Viernes Santo se conglomeran miles de feligreses en torno a la puesta en escena de un Vía Crucis real.

En éste se representan las caídas de Jesús antes de ser crucificado. De la misma manera, se hace alusión a los insultos y agresiones que sufrió antes de morir, por parte de los judíos y romanos por igual. En el momento de la crucifixión, a diferencia de Filipinas, las personas en Iztapalapa no clavan a los actores, sino que sólo los atan a postes de luz o a cruces de madera.

Procesión del Silencio en Córdoba

Los católicos sienten una responsabilidad terrenal por la muerte de Cristo. Por esta razón, una vez terminada la celebración del Viernes Santo a las tres de la tarde, en diversas partes del mundo se realiza una procesión del silencio. En Córdoba, España, la tradición está particularmente fincada, ya que miles de encapuchados caminan bajo el ritmo de un tambor fúnebre.

La costumbre migró a otras partes del mundo con la colonización de nuevas tierras. En algunas partes de España y México, al día de hoy se escuchan gritos y cánticos adoloridos —particularmente de mujeres—, que versan frases en pena como “¡Murió por nuestros pecados!“.

Paso de la Dolorosa en Madrid

Se le conoce como Nuestra Señora de los Dolores a la representación de la Virgen María una vez que perdió a su hijo en manos de los romanos. Así como Jesús sobrellevó una pasión en la literatura cristiana, su madre padeció gravemente de ser testigo de la muerte de su hijo.

Siguiendo la tradición que se decanta de este mito, los católicos de diversas partes del mundo cargan figuras de María “hecha un mar de lágrimas“, tras haber perdido a su hijo en una muerte brutal. En Madrid, por ejemplo, se le lleva en una especie de litera de oro, en el que descansa un busto de una mujer ojerosa, sumida en la más severa de las penas.

Quema de Judas de Semana Santa en la Ciudad de México

La cartonería forma parte de las artes folklóricas de México. En Semana Santa, durante el Jueves Santo, es costumbre en todo el país hacer una quema de diablillos de cartón, en representación al traidor máximo de la fe cristiana: Judas Iscariote. Generalmente, se les pinta de rojo, con cuernos y bigotes típicos de demonios infernales.

Además del incuestionable valor gráfico de las figuras hechas a mano, se trata de un momento catártico en el que, literalmente, se le prende fuego a quien entregó a Jesús antes de su pasión. Al interior de las figurillas de cartón hay cohetes, que se encienden una vez que el “Judas” termina de incendiarse.

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